miércoles, 30 de septiembre de 2009

FILOSOFANDO

El hombre y mujer desde que es concebido, se convierte en un ser que necesita mucha información para poder procesar, a vces sin darse cuenta empieza a cuestionar; habilidad que nosotros los adultos empezamos a practicarlo, por el simple hecho de atender circunstancias de la vida vanales.
Cuando empezamos a filosofosar, nosotros en nuestra mente estructuramos y procesamos desde las impresiones exteriores a la formación de las ideas se sirve de un lenguaje que sintetiza en un logos significante el valor apreciado del conjunto de datos externos recibidos.
Este significante, que tanto ha dado de pensar a los escrutadores de la filosofía del lenguaje, entre otros parámetros ha venido a constatar la trascendencia del contexto en que es analizado por la mente para sumir su significación: Sólo y en la medida del contexto -se sostiene desde el pasado siglo- el lenguaje significa mentalmente.

En la medida que el filosofar es una actividad intelectual dependiente de la mente, la adecuada utilización del instrumento del lenguaje garantizará la perfección de la ciencia filosófica. Por tanto, aplicar la referencia contextual al método de filosofar como traslación de un proceso estructural para dotar de mayor equilibrio al sistema no debe ser desechado. Así como el contexto fija el valor último de la palabra para su interpretación mental, la referencia contextual no sólo puede servir en filosofía para determinar el sentido de los enunciados, sino también para que el juicio predique sobre la más acertada significación de las ideas. La referencia de cada idea está supeditada al significado global de la misma, que a su vez lo es en el de sus palabras. En la medida que el contexto de palabras e ideas es más universal, su valor se multiplica por la escasa rescisión que puede presentar frente a contextos particulares. Ese objeto propio de la filosofía debe por tanto ser salvaguardado par que el mismo conserve su carácter universal.

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